Para mi Niña Abadesa
¿Por qué NO hay más
mujeres como Eya?
Si las hubiesen,
paradójicamente...
¿Cómo decía Gabriela
Mistral?
La Humanidad es algo
todavía que hay que humanizar.
¿Cómo se debe criar una
niña,
para que llegue a ser
semejante mujer?
Como dice Ortega y
Gasset:
dentro de toda gran
personalidad,
siempre hay algo
infantil.
A eso se refería Jesús,
cuando dijo:
Todos los que sean
como niños.
¿Cómo alguien sigue
siendo como niño,
a pesar del paso del
tiempoespacio?
Ese es el Gran Misterio
en torno a Eya.
¿Cómo combina la
seriedad de una Abadesa,
con la sensibilidad y
asombro de una niña?
Eso es lo que me
sorprendió al conocerla.
Fue en una charla que di
acerca de cómo
las nuevas teorías
físicas ampliaban
el tamaño del Universo
conocido,
tanto hacia lo Muy
Grande, como lo muy pequeño.
NO sólo en tamaño, sino
en complenjidad.
Al finalizarla, Eya se
acercó a preguntarme
si podría repetirla en
su Abadía, ya que
encontró que era
importante que su gente
supiese estos
conocimientos de vanguardia.
Como siempre improviso,
agrego datos
que en la anteiores
ocasiones omití
o acabo de enterarme en
el ínterin.
Eso la sorprendió: Usted
NO es como
esos charlistas que son
como un disco.
Siempre dicen lo mismo.
Me sorprendió su
sorpresa.
Sí, respondí. Distinto
momento,
distinto público,
distinta inspiración.
Acá, en medio de las
montañas,
es distinto a en medio de
la ciudad.
Los ejemplos deben ser
otros.
La percepción del tempo,
el ritmo de vida es otro.
Acá la regularidad es
tal,
que todo parece lo mismo.
Es imposible entender la
Discontinuidad
que plantea la física.
Por eso la insistencia en
la idea de que
“Hay otros mundos
dentro del Mundo”.
El mundo atómico, por
ejemplo.
Nada puede darse por
sentado, ya que hay
“cosas” fuera de
nuestra percepción sensorial,
que ocurren de modos muy
distintos,
por NO decir contrarios,
a los cotidianos.
Por eso subrayé otra
idea:
hay cosas que NO
vemos,
pero, sin embargo,
existen.
La Ciencia NO está
contra la Fe.
Es otra Fe y, como tal,
cabe la convivencia,
tal como se convive con
otras creencias.
Lo que NO quise decir,
para NO complicar
aún las mentes, es que
esa armonización
es una negociación tal
como dos países,
que quieren fijar sus
fronteras.
Miré su rostro, para
sondear su reacción.
En vez del espanto que
había visto
en tantos rostros al
llegar a ese punto,
Eya miró hacia arriba
pensativa.
Al cabo de un momento,
asintió.
Entonces, dijo: Para
trazar fronteras
es necesario un
agrimensor, como
sucede en los campos de
los agricultores.
¡Eso es usted! Un
Geógrafo del Alma.
El pequeño salto que dio
cuando lo dijo
y el brillo de sus ojos
cuando pronunció
Geógrafo del Alma,
me dio escalofríos.
Estaba desnudo ante Eya.
Me recompuse de
emergencia.
Respondí con toda la
cortesía
que pude reunir: ¡Me
elogia!
Nunca me habían dado
semejante título.
Logré improvisar un tono
confidente:
Que NO lo sepan mis
detractores.
Dirán que quiero anular
la ortodoxia.
Tiene razón. La Envidia
es poderosa
y está en todas partes.
Siempre los odres viejos
resistirán al vino
nuevo.
¿Verdad?
Me asombró su rápida y
profunda
comprensión del momento
histórico
en cual estábamos y mi
situación
en ese trance entre lo
viejo y lo nuevo.
Sus escritos son místicos
y herbolares,
propios de alguien rural.
¿Cómo puede intersarse
en ciencia moderna?
¿Cómo se dio cuenta de
su importancia?
Como nunca antes, nadie
lo había hecho,
Eya despertó mi asombro
y curiosidad.
Si más mujeres fuesen
como Eya.
Esta Humanidad sería
distinta, pensé.
Para ser una Abadesa, era
una mujer entrada en años.
Por eso sorprendía
cuando a veces se comportaba
como una una niña,
abrazando un árbol,
porque sentía que la
llamaba y quería cariño.
Varias veces la oí
decir: “Quiero ser árbol.
Así tendría una vida
más tranquila y estaría
en comunión permanente
con el Sol,
La Luna y las estrellas
que me gustan tanto”.
Y yo sería un pájaro
carpintero,
para seguir molestándola.
Me retaba, pero NO podía
evitar reírse.
La mitad de la Abadía
nos odiaba.
La otra mitad nos
admiraba.
Como su Secretario
personal,
mi deber era ayudarla a
redactar cartas
y documentos oficiales de
la Abadía.
Pero Eya me hacía
acompañarla
y tomar notas de todo lo
que dijese,
por muy extraño y
disonante que fuese,
como esa música
endemoniada,
llamada jazz.
Yo le decía, entre risas
y espanto,
eso que está diciendo
sería reprobado
por varios Padres de la
Iglesia.
A lo que Eya decía: Eran
bien misóginos.
A lo que respondía: ¿Qué
vamos a hacer?
Tú sigue escribiendo,
decía, guiñándome un ojo.
Su correspondencia con
importantes personalidades
era lo que más tiempo
ocupaba, ya que pedían
consejo para todo tipo de
cosas:
Desde relaciones
personales a internacionales.
En este segundo aspecto
era donde más la ayudaba,
dado mis amplios
conocimientos históricos.
Pero eran los consejos
amorosos donde más destacaba.
A su Don lo llamé:
Clarividencia del Corazón.
Bastaba tratar unas pocas
horas a las personas,
para saber qué sentían
y cómo influiría
en sus decisiones.
Sin que le contasen sus
historias, intuía
con una claridad pasmosa
lo que habían vivido.
Yo lo atribuí a que
conocía mucha gente,
por lo que habría
descubierto ciertos
patrones recurrentes en
las personas.
Sabía cuando una pareja
sería feliz
o desdichada en el
matrimonio,
con una pasmosa capacidad
de acierto.
Por lo que eran
recurrentes las cartas
pidiendo su sabio consejo
al respecto.
Yo escribía en silencio,
como oyendo
a un oráculo decir sus
vaticinios.
Era como si realmente
viese el futuro.
Me decía cosas como:
¡Pero si lo tenía
escrito en la frente!
Estaba escrito en su
corazón al momento de nacer.
Esta capacidad la había
vuelto popular
entre familias ricas y
poderosas que donaban
buenas sumas de dinero a
la Abadía.
Dinero que ocupaba para
el Orfanato y la Escuela.
Leches y libros, era su
lema
NO sólo de pan vive
el hombre,
era su cita favorita.
Alimentar el cerebro es
tan importante
como alimentar el
estómago y todos
conocían el Amor como
alimentaba a ambos.
Los niños la amaban por
sobre todas las cosas.
Pero ver el corazón NO
era lo único,
también observaba
figuras que NO
eran de este Mundanal
ruido,
pero que tampoco eran
ángeles o demonios.
Eso lo mantenía en
secreto,
pero me presentaba sus
dibujos
y las cosas que
conversaba con ellos.
Algunos le daban
conocimientos,
visiones de lo porvenir
que asombraban
a muchos y a otros tantos
aterrorizaban.
Ella realmente expandía
la frontera de lo posible.
Eso era lo que más ma
atraía de Eya.
Criado en el más
aséptico racionalismo,
yo lo veía como una
desbortante imaginación
narrativa, para dar
lecciones éticas,
lo que me fascinaba,
porque contrastaba con su
gran seriedad
y disciplinado apego a la
regla.
En mi vida de letrado,
siempre había visto
que los imaginativos eran
indisciplinados,
yo mismo, NO soy un
ejemplo de orden.
Siempre me retaban por lo
descuidada
que estaba mi celda, pero
me excusaba
en NO tener tiempo
para tan terrenales
menesteres:
“Los espirituales lo
consumían todo”.
NO sabían que la mitad
era para
explicar conocimientos
científicos
que me había preguntado
Eya,
al oír o leer algo
acerca de ellos.
Si había algo que
admiraba en Eya
era su intenso deseo de
estar al día
en lo que se sabía del
Cosmos,
porque sentía que era
conocer más a Dios.
A todos decía:
Al panadero se le
conoce por el pan.
Al Hacedor se le
conoce por lo Hecho.
Conocer cómo hizo
todo,
revela su infinita
Sabiduría.
Ver su cara de asombro
cuando contaba
un nuevo descubrimiento o
invento era hermosa.
Una vez me quedé
mirándola tan fijamente,
que Eya me dijo: NO me
mire así que
siento mariposas en la
guatita.
Yo salí de una especie
de trance.
¿Qué? ¿Qué me dijo?
Por favor, retírese,
mañana continuamos.
Ella me hablaba de la
nueva pedagogía
Tenía correspondencia
con Montessori
Piaget, Steiner y varios
más.
Aprendía mucho de ella.
Su enternecedora
preocupación
por los niños motivaba a
todos.
Tanto amor por niños que
NO eran suyos,
conmovía a todas las
personas que la conocía.
Yo NO fui la excepción.
Pronto me hice su
colaborador.
La Nueva Ciencia requería
una Nueva Pedagogía,
para
llegar a una Nueva
Generación,
capaz de cambiar el
Mundo.
Pronto tuvimos que
enfrentarnos
a la resistencia de los
ultramontanos,
que pretendían volver a
la escolástica.
Los debates fueron pan de
cada día.
Cada crítica fue
respondida con nuevas ideas
y metodologías que eran
aplicadas
en la escuela a cargo de
la Abadía.
Era el Amanecer de una
nueva era
Que fue abortada.
La Curia, harta de la
polémica,
ejerció el voto de
obediencia.
La Decepción fue máxima
y se transformó en
depresión.
Mi orden me dio una
destinación
en otro país y dejamos
de vernos.
NO nos escribíamos,
porque sabíamos
que nuestra
correspondencia sería revisada.
¿Cómo es posible que
una mujer ya mayor
pueda sentir mariposas en
su estómago?
Eso es algo tremendamente
anómalo.
Pero pensándolo 2 veces,
tenía fama
de rara, extraña y
excéntrica.
En su vocabulario,
cualquier palabra
podía significar casi
cualquier cosa.
Así que NO me preocupé.
Mañana fue una semana
después.
Todo continuó igual,
pero se sentía distinto.
La escritura se
circunscribió a lo oficial.
Las largas conversaciones
y paseos se acortaron.
La seriedad terminó
ganándole a las risas.
Eso me tranquilizó al
comienzo,
pero, a medida que
pasaban las semanas,
terminó entisteciéndome.
Por las noches me
preguntaba: ¿Por qué?
¿Por qué NO oír sus
historias de pajaritos y árboles
me hacían sentir una
soledad aún mayor
que la de mi ermita en la
montaña?
¿Por qué sentía
envidia, si es un Pecado,
de los árboles que Eya
abrazaba?
¿Por qué deseaba sus
abrazos y risas?
¿Por qué el Deseo se
estaba apoderando de mí?
¿En verdad dijo:
Mariposas en la guatita?
¿Eya estaba sintiendo lo
mismo por mí?
Esto me llevó a pedir el
relevo de mis
deberes de asesoramiento
legal,
con la excusa de terminar
de escribir
un ensayo teologal donde
intentaba
conciliar fe y ciencia.
Me fue concedida esta
dispensa.
Terminado el ensayo, el
Santo Oficio lo objetó.
Dijo que la teleología
del Punto Omega
se contraponía al
Apocalipsis, dado que
yo hablaba de una Fusión
en Uno, mientras
el Juicio Final era la
Separación Definitiva
entre buenos y malos,
lo cual les recordaba la
herejía gnóstica.
Retiré mi texto y pagué
penitencia de aislamiento,
hasta que recibí una
carta suya, pidiéndome
que volviese al servicio
de la Abadía.
La carta era limpia,
discreta, demasiado oficial
para su estilo de hablar
tan coloquial.
Era, como por si una vez
en su vida,
copiase mi estilo
ceremial.
Hasta que remató con el
adagio popular:
La soledad es mala
compañera.
Acá hay muchos que
esperan su compañía.
¿Muchos? Entre esos
muchos, ¿estaba Eya?
Pensando lo peor: ¿Esos
muchos eran sólo Eya?
Que me levantasen la
penitencia antes de Tiempo,
supe que fue por su
interseción.
Sabía que estaba
jugándose a fondo por mí.
Todas mis emociones se
desbocaron en el viaje.
NO había paisajes, sólo
un agujero negro
haciéndome un fideo,
mientras me absorbía.
NO había personas, sólo
partículas con las
que chocaba en la
estación de trenes que
más de una vez nos había
visto partir.
En cada rincón algo me
hacía verla.
Pero NO era Eya.
Las calles parecían un
colisionador
que sacaban de mí
decenas de:
¡Permiso, por favor,
disculpe!
En un momento paré, para
calmarme.
Respiré y miré hacia el
Cielo:
Lo sé. Eres humorista y
estás riendo a carcajadas
de mi adolescente
inquietud.
En ese momento caí en
cuenta que estaba
siendo observado, NO
porque viese a alguien
siguiéndome los pasos,
sino por el hecho de
haberme levantado tan
fácilmente la Penitencia.
Era demasiado raro que
sólo por una carta,
por muy popular e
influyente con los donantes
que fuese Eya, me
perdonasen haber recaído
en una antigua herjía,
sin saberlo.
En la Abadía habían
cientos de ojos observándonos.
Más de alguno debió
decir algo al Cardenal Arzobispo
encargado de nuestra
supervisión.
Asumí que el Santo
Oficio estaría esperando
algún hecho que sirviese
de excusa para intervenir
la Abadía que se había
hecho tan popular
por su Modernidad y yo
estaba siendo usado
en su contra, sin haberlo
sabido, hasta ese momento.
De la extrema confusión,
a una prístina claridad,
como si hubiese salido de
la caverna platónica
en ese instante, me
golpeó la luz del Sol.
Me recompuse y asumí el
papel de un espía
en territorio enemigo:
Sabía que el menor error
sería usado en su
contra.
Fingir desinterés era
esencial.
¿Y después qué?
Esperar que se aburrieran
nuestros perseguidores.
Cuando vi el portón de
entrada a la Abadía,
me sentí el gato de
Schrödinger:
NO sabía si estaba vivo
o muerto,
hasta que se abriese esa
caja de sorpresas.
La Incertidumbre de
Heinsenberg pasó
de teorema físico a
realidad cotidiana:
¿Dónde estaban nuestros
observadores?
¿Nuestras trayectorias
eran de colisión o tangenciales?
¡Ni Einstein podría
haberlo anticipado!
Niels bhor tenía toda la
Razón:
Dios ama jugar con los
dados.
Nosotros somos sus dedos.
Verdad, esa idea es de
otro hereje.
¿Querer volver a verla
era una HEREJÍA?
Entre el miedo que le
hicieran algo malo a Eya
y la ira por tramar
nuestra definitiva separación,
congelé mi alma, antes
de tocar el timbre.
Me salió a abrir una
hermana nueva.
Mala señal. ¿Será de
ellos?
Protocolo espía en
territorio enemigo:
todos son enemigos, pero
tratarlos codialmente.
Así lo hice.
Llegaron hermanas y
hermanos amigos.
Eso me tranquilizó.
Priomera medida: NO
preguntar por Eya.
Me condujeron hasta mi
habitación.
Eran los primeros días
de invierno,
pero mi celda era un alto
horno
de recuerdos.
Supe que sería tonto
resistirme
y me dejé fundir por
ellos.
Bajé a la hora de la
cena.
Ahí estaba Eya,
repartiendo comida,
como si fuese la misma
novicia
recién entrada a la
Abadía, hace décadas.
Alguien debió susurrarle
mi llegada.
Eya se fue a la cocina.
Mala señal.
Si yo interpreté eso
como una huida,
imaginé que muchos más
también.
¿O estaba imaginando
cosas?
Segunda Medida: Guardar
la distancia.
Busqué un mesón con
pocas personas,
ojalá poco conocidas,
para NO hablar.
Era invitado, NO una
Autoridad, como
para reclamar una
posición junto a la Abadesa.
Cosa que si antes NO
hacía, ahora menos.
Eya siguió el protocolo
y saludó a todos.
Me paralicé, cuando me
nombró.
Saludemos al hermano que
ha regresado.
Me congelé y aterroricé.
NO era necesario.
Me paré y saludé a
todos, en silencio.
La cena siguió sin
incidentes.
Al final se acercaron
algunos a darme la bienvenida.
Tuvimos una breve
sobremesa.
NO se mencionó ni la
Penitencia ni su causa.
Buena señal.
Tercera Medida: Aquí NO
ha pasado nada.
“Como decíamos
ayer...” fue su frase, al verme,
citando a aquel Fray
también sancionado.
Eso me electrificó como
una bombilla.
Estaba al tanto de todo.
Entendía todo.
Buena señal.
Entraba y salía gente de
su despacho.
Eso facilitó mantener la
profesionalidad.
Realmente había mucha
correspondencia atrasada.
¿Por qué? NO pregunté.
Trabajamos hasta tarde.
Cuando me despedí, para
irme a la celda,
Eya se paró de su
escritorio, mientras la miraba atónito.
Corrió a abrazarme con
lágrimas en sus ojos.
¡Quédese conmigo! ¡NO
me vuelva a dejar sola!
Entre un sollozo y un
suspiro, dijo algo que NO entendí.
LO AMO... repitió con un
susurro.
¿Por qué lo hizo?
- ¿Hacer qué?, pregunté
sin entender a qué se refería.
¿Por qué intentaste
publicar tus revolucionarias ideas?
¡Dije que se cuidara y
NO me oyó!
Un maravilloso horror
dilató y contrajo mi corazón,
como una onda de Gravedad
dilata y contrae el TiempoEspacio.
Eya nunca había dejado
de fijarse en cada uno de mis pasos.
Cuando pude recuperar la
“normalidad”
de mis funciones
corporales, la abracé.
En silencio, también
sollocé.
Sí. Era La Herejía,
era Amor.
Habíamos antepuesto
nuestros afectos
al Amor de Dios.
De aquí en adelante,
sólo sería
la Persecución y la
Ruina.
Dios había vuelto a
jugar con sus dados.
Ambos habían marcado uno
para el otro.
Entre todo el Caos
desatado por Eya,
sólo atiné a reír para
adentro:
¿Niels Bohr estaría de
acuerdo con esta
interpretación de su
teoría quántica?
Eya dejó de llorar y me
dijo:
¿De qué te ríes?
¿Sabes lo que pasará?
Conozco el Derecho
Canónico, sé lo que nos espera.
Pensaba en que si Niels
Bohr estaba pensando
en esto, cuando dijo que
Dios juega a los dados.
Siento que somos los
dados de Dios,
pero eso a nadie le
importará.
Un monje herético y una
abadesa
que abandona su comunidad
para irse con él.
Es para portada de todos
los periódicos
y cadenas de radios,
incluso para
los noticieros antes de
la película en los cines.
Fuimos a nuestras
respectivas celdas,
dispuestos a renunciar al
día siguiente
y negociar nuestra
retirada asumiendo
la culpa, pero a cambio
del silencio.
Fue demasiado optimista.
Al día siguente llegaron
los interventores.
La baja fue deshonrrosa.
Había que dar una
lección contra los modernistas,
dijo el Cardenal
Arzobispo, que siempre me odió,
por tener mejores
calificaciones que él
y el prestigio de
filósofo, por mis artículos
de difusión científica
en la prensa internacional.
Todos los odios
acumulados en nuestra contra se desataron.
Inventaron mil mentiras y
casi todas fueron creídas.
Lo sabía. NO podían
permitir que conserváramos
nuestro buen nombre ante
la gente,
debíamos ser humillados
públicamente,
ya que esa fama la
habíamos logrado gracias a la Iglesia
y debía quedarse con
ella o dejar de existir.
NO hubo juicio
eclesiástico, sólo social.
La renuncia era inmediata
e irrevocable.
Quédense con todo.
NO pedíamos una
indemnización
por años de servicio,
como trabajadores.
Los interventores
deshcieron todas
las reformas hechas por
Eya.
Donde fuésemos, la gente
apuntaba.
La única salida fue
irnos a otro país,
donde los asuntos de Fe
NO importasen.
Ironías de la vida,
vivimos recluidos.
Llámalo “Deformación
Profesional”.
Vivimos como profesores
rurales,
hasta que una mafia local
nos expulsó,
por llenar la mente de la
gente
con sueños imposibles.
También de ese pueblo
tuvimos que huir.
Pero regresar a la ciudad
natal, tampoco sirvió.
Nuestras familias se
odian y NO quisieron
ayudarnos a vivir juntos.
Les importaba más su
reputación
que nuestro Amor y
Felicidad.
Nunca tuve suerte con los
trabajos manuales.
Eya volvió a ser
profesora, pero temporal,
por reemplazos, nadie
quería mancharse
con esa fama, a pesar que
habían pasado años
y los conflictos sociales
se acrecentaban,
Demostrando que nuestro
escándalo,
era algo pasado de moda,
sin importancia.
Pronto la guerra dejaría
todo de lado,
pero era demasiado tarde.
Apenas si pudimos vivir
juntos unos años.
Para sobrevivir, debimos
separarnos.
Ellos habían ganado en
la Materia.
Nosotros, en el Espíritu.
Su Alma está en sintonía
con Dios,
como un radiofaro que oye
el ruido de fondo
cósmico,
con suma precisión: 3
Kelvin.
Su Alma está vacía de
maldad,
como el espacio exterior
está vacío.
Su Alma está llena de
una Poderosa
Fuerza invisible, como el
Universo
está lleno de Energía
Oscura,
que expande el mismo
Espacio,
alejando las galaxias
entre sí.
A veces pienso que esas
visiones suyas,
son producto de su
percepción de
otras partículas y otros
espectros,
donde habitan otros seres
muy distintos a nosotros.
La atracción que siento
hacia Eya
se asemeja a la de un
planeta
ante un Agujero Masivo
Central.
Ahora entiendo por qué
todo brilla
en su contacto, como el
disco de acreeción
al rozar su Horizonte de
Eventos.
Traspasarlo es morir y NO
me importa.
Es un precio adecuado por
ser amado
por su Masiva
Singularidad.
Siento que algo más
GRANDE que el Infinito
se expande desde la
comisura de sus ojos,
cada vez que sonríe a
una ironía.
¿Esta consecuencia
enloqueció
a Cantor, cuando dijo:
hay Infinitos más
grandes que otros?
En su Presencia,
realmente sentía el Infinito
extenderse a ambos lados
de la comisura
de sus labios, cuando
reía amablemente.
Contra el Misterio del
Amar y Conocer,
nada puede el Ministerio
de la Pureza
de una Fe muerta hace
siglos.
Lo lamento, pero un Credo
Patriarcal
es el que nos está a
punto de matar.
“DESDE ABELARDO Y
ELOÍSA,
que NO ocurría tal
escándalo en la Iglesia”,
titularon los periódicos
y revistas de actualidad.
Fuimos el foco de
atención mundial.
Para mis adentros, me
pregunté:
¿De qué oscuras
conspirariones
están distrayendo a la
Opinión Pública,
convirtiéndonos en
escándalo y sorna?
NO tenía tiempoespacio
para indagarlo.
Pero alguien, en medio de
la multitud,
se acercó y espetó a
boca de jarro:
El supuesto Pueblo
Elegido son unos Pirómanos.
Incendiarion
Palestina. Ahora incendia Patagonia.
Quieren quemarnos a
todos en una hoguera nuclear,
para que si supuesto
dios patriarcal baje a salvarlos
y entronizarlos por
sobre todos nosotros.
Pero toda mi
materiaenergía está dedicada
a la preparación de
nuestra Defensa:
el texto que lees, porque
a Eya
sólo se la puede tocar
con el pétalo de una
ODA.